Al morir el abuelo dejó la heredad a un solo hijo y le dijo jamás repartas en vida con tus hijos la heredad, porque tendrás muchos problemas, cada uno querrá más y cuando te des cuenta no tendrás autoridad. Construirán barreras en sus haciendas, dirán que no te precisan ya. Enseñarán a sus hijos otra forma de hablar y con tus nietos ya no te entenderás. A los que más dinero diste querrán más, no les digas que a sus hermanos más pobres tienen la obligación de ayudar. Te dirán; ¡que se esfuercen!, ¡que trabajen!, como si no trabajaran ya, no recuerdan que todos a un tiempo en toda esta heredad trabajamos codo a codo y yo les di prosperidad. Al Norte le di el acero, la industria pesada, la construcción naval, la pesca. Al Sur le di el campo, el latifundio, las grandes producciones agrícolas, los toros, el canto y la alegría de vivir, el arte y la gracia. Al Este, le di el comercio, la industria de transformación, el arte de los fenicios en la negociación, universidades, trabajo y preparación. Al Oeste dejé más flojo, eran de los míos y uno cuando reparte siempre deja para si la peor parte, aunque sabía que los de casa lo entenderían. Les dejé la construcción de barcos de pesca y la creación del mayor puerto pesquero y las industrias de salazón, el minifundismo y la economía familiar. Pero yo ejercía la supremacía y sabía quien trabajaba más y a quien tenía que compensar, pero también ayudaba a los que estaban peor y no admitía quejas contra mi voluntad. Al Centro le di la administración, el reparto de la riqueza, ganadería, investigación, laboratorios y universidades, con una forma de entendernos todos, dónde ninguno de mis hijos se sintiera extraño o no entendiera a sus hermanos, fueran del Norte, del Sur, del Este o del Oeste. Leer mais…