Una anciana señora subía lentamente la pronunciada cuesta de la calle del pueblo que la conducía a su casa.
Era el día de Nochebuena y bajó a oír Misa por la tarde, pues no estaba en condiciones para asistir a la Misa del Gallo, como todos los años. No recordaba haber faltado nunca, primero con sus padres, luego con su marido y últimamente con sus hijos, pero este año estaba sola. Sabía que podía ir con cualquier vecino pero no le gustaba molestar a nadie. Aprovechó también para saludar y felicitar a algunos familiares a los que apreciaba mucho, algunos le dijeron que se quedara con ellos esa noche. Muy amablemente les dio las gracias pero les dijo que prefería estar en su casa.
Llegó a su casa, era una finca grande con un muro alrededor, abrió una puerta pequeña al lado del portalón (por donde entraban los coches). Por un pequeño sendero llegó a la casa. Había dejado las luces encendidas y no tuvo dificultad para abrir la puerta. Leer mais…










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