










Llegó el Carnaval al Centro Social, con gran apetito de diversión y alegría. Comenzamos por el taller de cocina, donde nos muestran con vistoso colorido a los más diversos personajes, esos que todos escondemos en el desván de nuestras fantasías, para darles vida en estas fechas; aunque tambien hay sobre la mesa variadas tentacioes para la panza, que también quiere jolgorio, porque es bien sabido: no hay diversión con el estómago vacío, y aqui el relleno es de lo más dulce: orejas, filloas con miel y mermelada, pastas, bizcocho, tartas, sidra, licor de limón… hmm



Y el humor continúa, hasta la clase de inglés, que allí llega el buen hacer, de una mascarita encapuchada, que nos divierte con su verba bien rimada, y la cumpleañera medieval, con su cesta bien repleta, de sabrosas flores de Carnaval.
































Y el martes baile, amenizado con la orquesta Yin Yang, unos chicos super animados, que supieron darle marcha a la tarde disfrazada, que dieron la nota en el baile de máscaras. Por el salón giraban impelidos por el ritmo musical colores divertidos, como si fueran notas pintadas saltando fuera del pentagrama.
Los componentes de danzas para el mundo nos embobaron con una breve actuación y luego repartieron sonrisas por los rincones; no podían faltar las alegres viudas ya sea con muletas o embarazo póstumo, arrancando carcajadas de luto y la doctora Felicidad Antia-Margura, repleta de mensajes postivos para una tarde entrañable de un carnaval casero, made in CSC.
Jesús.




Viaxe Cultural a Coruña 12 Marzo Prezo: 5 €
Los intrépidos chicos de la RD(revista digital) nos hemos lanzado a una aventura sin igual, influenciados por las locuras del Caballero Andante.








La verdad es que no sé como hemos podido sobrevivir.
Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad y sin
prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, hacíamos auto-stop,
frenos.
sándwiches de nocilla y panteras rosas y no yogures bio, ni comida bífidos activa. Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.
nos encontrábamos y jugábamos a las chapas, a tú la llevas, al rescate, a cambiar cromos…, en fin, tecnología punta.
Hicimos juegos con palos, perdimos mil balones de fútbol. Bebíamos
seguidos, y pasábamos horas en la playa sin crema de protección solar, sin clases de vela, de paddle o de golf, sin palos de espuma, sólo una tortuga rosa de corcho apretada en el pecho y sabíamos construir fantásticos castillos de arena con foso y pescar con arpón.
miércoles, febrero 14, 2007
vida. Pero esa biografía fecunda y accidentada quedó eclipsada por su gran invento (no el único, ya que también diseñó un pasahojas de partituras), el futbolín, que se le ocurrió en 1936 cuando se recuperaba en un hospital de Montserrat de las heridas sufridas durante los bombardeos fascistas sobre Madrid. Finisterre, que tenía entonces dieciséis o diecisiete años, concibió el nuevo juego por analogía con el ping pong, con el propósito de entretener a tantos chavales ingresados en el centro médico. El primer modelo, por cierto, lo fabricó un vasco, el carpintero Francisco Javier Altuna.
Continuamos, como prometimos la semana pasada, embelleciéndonos y cuidándonos.
y 