Erase que se era una princesa de un lejano país, que estaba enferma o embrujada, y solo decía: “Yo soy un fuego”. El rey, su padre, mandó leer un pregón por todo el reino que terminaba diciendo:
-… Y aquel que consiga curarla se casará con ella y será el heredero del trono.
Iba el mocín en su caballo hacia el palacio de la princesa, cuando un estrafalario sujeto se le plantó delante a gritos:
-¡Ay. mi señor! Llévame contigo.
El mocín un tanto bastante malhumorado le dijo:
-¡llevarte conmigo! ¡Con esa pinta!. ¿Tu no sabes que voy a palacio para curar a la princesa?. Si no lo consigo me rebanarán el pescuezo, y a ti también si me acompañas. ¡Aparta de mi camino!.
-¡Ay señor!, ¡Llévame contigo! ¡Anda, llévame! ¡Qué te seré de mucha ayuda! ¡Te lo prometo! ¡Anda, anda, llévame!
-¿Pero como voy a andar zopenco, si estás delante de mi?. ¡Quítate de mi vista galopín!.
Y este porfiando que lo llevara, y el mocín que no, más insistió el primero que ganó en la contienda al segundo, y así montó a la grupa, guardando las costas a su dueño, no quedando satisfecho ni este ni su cabalgadura. Así iban los tres bajo un alegre sol que les daba calurosas palmaditas de ánimo en la espalda.
De allí a poco, al pasar, vio el pícaro un haz de leña a la vera del camino y le dijo a su señor.
-Ay, señor, ¿No será bueno recoger esa carguina de leña? ¿No nos será de ayuda? El camino es largo y vendrá la noche, tendremos frío, y con esta leña podemos hacer fuego y calentarnos. ¿No será bueno recogerla? ¿No será bueno llevarla? ¿No crees mi amo que debiéramos…?
El mocín iba a decir que no, pero recordó lo testarudo que el otro podía ser, así que no perdió más tiempo y accedió a ello. Aquel pillastre, seguramente sería de Cabrales, pues corre cierta fama de que la gente allí es muy tozuda.
Anduvieron un buen trecho, uno mirando hacia adelante y el otro hacia los lados, buscando cada uno su provecho. Andando de esta manera el avispado servidor atinó a ver unos huevos de gallina que insistió en llevar también. Ya muy cerca del palacio, cuando el sol bostezaba, abriendo su enorme boca al final de la llanura, no se le ocurrió otra cosa al villano que decirle a su señor, que tenía que desahogar su vientre con la mayor urgencia, el muy guarrete. Se encolerizó el amo, harto ya de impertinencias y le dijo que de ningún modo pues era tarde y no podía retrasar más su llegada. Que si quería bajarse que lo hiciera, pero el no iba a esperarlo. El criado, viendo a su amo tan decidido, resolvió sobre la marcha y en una manga de su extravagante vestimenta, recogió cuidadosamente todo lo que su vientre fue soltando. La ató con sumo cuidado, y la llevaba consigo, pues el nada derrochaba, pensando que le podría hacer falta en cualquier momento.
Por fin llegaron a palacio. El soberano los recibió y escuchó la petición del mozo dispuesto a curar a la princesa. El buen rey se entristeció pues el joven era apuesto y muy gallardo, y no hubiera resultado un mal yerno, pero la experiencia le decía que este como los demás no lograría curar a su hija y el verdugo fatalmente cortaría con su hacha aquella hermosa cabeza. El nada podía hacer para evitar aquel destino. Personalmente los acompañó y entró con ellos en los aposentos de la princesa, pues debía ser testigo. No hicieron mas que asomar y el mocín se enamoró al ver a una joven tan hermosa, que al verlos se arrancó a gritar:
-¡Yo soy un fuego!
El mocín la contemplaba extasiado, pero aquel pillo de criado dio un paso adelante..
-¡Tuéstame este huevo! – contestó a la princesa, ofreciéndole uno de los que llevaba en el morral.
-¡No tengo leña – replicó la hija del rey, ante el asombro de su padre.
-Toma esta carguina de ella – le ofreció el pillastre.
-¡Vete a la mierda!
-Toma esta manguina de ella – y le dio la que traía colgada al hombro.
Se le cayó el hechizo que se fue volando por la ventana, entonces la real moza abrió los ojos reales, y advirtió encantada lo guapo que era aquel mozo que la miraba embobado y al punto se enamoró de el como una loca. El rey gritó alborozado.
-¡Estás curada hija mía!,¡Hijo mío, tuya es la mano de la princesa!.
Y así fue como el mocín fue príncipe y el criado un fiel consejero durante muchos años, pues ya había sido bien demostrado lo avispado que era resolviendo dificultades. Y así aquel reino fue bien regido gracias a la bondad de un rey que astutamente supo guiarse por aquel consejero, antiguo galopín del reino. De este modo, aquel país, como tantos otros, en realidad terminó siendo gobernado por un gran pícaro.
Después del cuento, siempre me dormía, y tanto me gustaba y tantas veces me lo contó, que así he podido recordarlo.
El recuerdo de mi madre, siempre me trae a la memoria aquella película que se titulaba, “los ángeles perdidos” que contaba la historia de un niño que se vio separado de su madre, por la guerra. El niño medio traumatizado se excitaba cuando veía unas rejas. Los soldados que lo encontraron pensaban que era un presidio. Finalmente aparecía la madre. Las rejas eran las del patio de una escuela donde su madre enseñaba. El momento del encuentro de la madre con el hijo, me emocionaba.
Entre mis nostalgias no falta Enrique, mi amigo. El reverso de la moneda, mi otro yo. El osado, yo tímido, el travieso, yo aplicado, en fin, todo lo que me gustaría ser y no fui. Siempre metido en líos pero de gran corazón, dispuesto siempre a ayudarme y defenderme en cualquier percance.
Por último, cerrando el capítulo de mis remembranzas está mi primera carta. Allí está, doblada cuidadosamente, como una reliquia, junto con otras dirigidas a la misma persona, una prima, a la que no conocía más que por referencias. Ella llegó a pensar que yo estaba enamorado, por lo que le escribía. Están llenas de afecto, mi corazón era espontáneo entonces, sin necesidad de intentarlo como ahora, abierto, un corazón de niño. Fue aquella mi primera aventura literaria. Quien sabe como sería yo si hubiera dejado guiar mi vida por aquel corazón de niño…
Dicho y hecho, llenamos todos los tinteros a rebosar y al recreo. En el patio hay un bullicio enorme de balones y pelotas, de chicos que corren para todas partes. Desde que me clavaron de un balonazo, un cristal de la gafa a unos milímetros del ojo, procuro no exponerme y me paso el recreo mirando como juegan.
El pasado domingo se celebró en el parque de Castrelos una fiesta del mejillón y digo una porque, aunque las hay a lo largo de todo el año. Ahora en verano proliferan en toda Galicia las llamadas fiestas gastronómicas. Ésta de Castrelos me trajo a la memoria otra, también de Vigo, la fiesta de la sardina, que se celebraba en la Finca de Doña Fermina. Era una de las más antiguas y llegó a tener mucha aceptación, hasta que esta especie comenzó a escasear obligando a los organizadores a traerla, en alguna ocasión, de fuera de Vigo, congelada.
La más antigua y la más importante es la Fiesta del Albariño, en Cambados. La primera celebración tuvo lugar en 1953. Ésta, con la del marisco de O Grove, la de la lamprea de Arbo o la de la angula de Tuy, forman el grupo de las que podríamos llamar las clásicas por su antigüedad y genuinas, porque su principal objetivo es el de promocionar un producto que es típico de la comarca.
Otra curiosidad de estas fiestas es que algunas se repiten en distintas localidades, dando lugar a cierta competencia entre ellas. Fiestas del cocido, de la sardina, de la empanada, las hay en varios sitios. Pero la que más llama mi atención es la de los callos, la cual que yo sepa se celebra en Porriño, Salceda, Mosteiro, Covelo y Vilanova de Arousa. No creo yo que todas estas localidades tengan a los sabrosos callos como plato típico de su comarca y además, puedo asegurar que sus precios no son nada populares. Por otro lado, es sabido, que al menos en tres de estos sitios, los callos provienen de una empresa del sector muy conocida.
Así que damas y caballeros, ándense con ojo con esto de las fiestas gastronómicas, que no es oro todo lo que reluce. Conviene estar bien informados de la clase de producto promocionado, de su coste y de las facilidades que haya para aparcar que no es éste asunto menor.




campo y el límite urbano por este lado era el barrio de Las Traviesas, donde yo vivía.
parroquial,del siglo XVI, ha sido reemplazada por una construcción de nuevo cuño que más se parece a una nave industrial que a un templo. Queda en su atrio de hormigón, el viejo campanario de piedra.
y 