Artigo para Julio, 2006

RECORDANDO, relato de Jesús Muñiz

“Erase que se era una princesa de un lejano país, que estaba enferma o embrujada, y solo decía: “Yo soy un fuego”. El rey, su padre, mandó leer un pregón por todo el reino que terminaba diciendo:
-“… Y aquel que consiga curarla se casará con ella y será el heredero del trono”.
Iba el mocín en su caballo hacia el palacio de la princesa, cuando un estrafalario sujeto se le plantó delante a gritos:
-¡Ay. mi señor! Llévame contigo.
El mocín un tanto bastante malhumorado le dijo:
-¡llevarte conmigo! ¡Con esa pinta!. ¿Tu no sabes que voy a palacio para curar a la princesa?. Si no lo consigo me rebanarán el pescuezo, y a ti también si me acompañas. ¡Aparta de mi camino!.
-¡Ay señor!, ¡Llévame contigo! ¡Anda, llévame! ¡Qué te seré de mucha ayuda! ¡Te lo prometo! ¡Anda, anda, llévame!
-¿Pero como voy a andar zopenco, si estás delante de mi?. ¡Quítate de mi vista galopín!.
Y este porfiando que lo llevara, y el mocín que no, más insistió el primero que ganó en la contienda al segundo, y así montó a la grupa, guardando las costas a su dueño, no quedando satisfecho ni este ni su cabalgadura. Así iban los tres bajo un alegre sol que les daba calurosas palmaditas de ánimo en la espalda.
De allí a poco, al pasar, vio el pícaro un haz de leña a la vera del camino y le dijo a su señor.
-Ay, señor, ¿No será bueno recoger esa carguina de leña? ¿No nos será de ayuda? El camino es largo y vendrá la noche, tendremos frío, y con esta leña podemos hacer fuego y calentarnos. ¿No será bueno recogerla? ¿No será bueno llevarla? ¿No crees mi amo que debiéramos…?
El mocín iba a decir que no, pero recordó lo testarudo que el otro podía ser, así que no perdió más tiempo y accedió a ello. Aquel pillastre, seguramente sería de Cabrales, pues corre cierta fama de que la gente allí es muy tozuda.
Anduvieron un buen trecho, uno mirando hacia adelante y el otro hacia los lados, buscando cada uno su provecho. Andando de esta manera el avispado servidor atinó a ver unos huevos de gallina que insistió en llevar también. Ya muy cerca del palacio, cuando el sol bostezaba, abriendo su enorme boca al final de la llanura, no se le ocurrió otra cosa al villano que decirle a su señor, que tenía que desahogar su vientre con la mayor urgencia, el muy guarrete. Se encolerizó el amo, harto ya de impertinencias y le dijo que de ningún modo pues era tarde y no podía retrasar más su llegada. Que si quería bajarse que lo hiciera, pero el no iba a esperarlo. El criado, viendo a su amo tan decidido, resolvió sobre la marcha y en una manga de su extravagante vestimenta, recogió cuidadosamente todo lo que su vientre fue soltando. La ató con sumo cuidado, y la llevaba consigo, pues el nada derrochaba, pensando que le podría hacer falta en cualquier momento.
Por fin llegaron a palacio. El soberano los recibió y escuchó la petición del mozo dispuesto a curar a la princesa. El buen rey se entristeció pues el joven era apuesto y muy gallardo, y no hubiera resultado un mal yerno, pero la experiencia le decía que este como los demás no lograría curar a su hija y el verdugo fatalmente cortaría con su hacha aquella hermosa cabeza. El nada podía hacer para evitar aquel destino. Personalmente los acompañó y entró con ellos en los aposentos de la princesa, pues debía ser testigo. No hicieron mas que asomar y el mocín se enamoró al ver a una joven tan hermosa, que al verlos se arrancó a gritar:
-¡Yo soy un fuego!
El mocín la contemplaba extasiado, pero aquel pillo de criado dio un paso adelante..
-¡Tuéstame este huevo! – contestó a la princesa, ofreciéndole uno de los que llevaba en el morral.
-¡No tengo leña – replicó la hija del rey, ante el asombro de su padre.
-Toma esta carguina de ella – le ofreció el pillastre.
-¡Vete a la mierda!
-Toma esta manguina de ella – y le dio la que traía colgada al hombro.
Se le cayó el hechizo que se fue volando por la ventana, entonces la real moza abrió los ojos reales, y advirtió encantada lo guapo que era aquel mozo que la miraba embobado y al punto se enamoró de el como una loca. El rey gritó alborozado.
-¡Estás curada hija mía!,¡Hijo mío, tuya es la mano de la princesa!.
Y así fue como el mocín fue príncipe y el criado un fiel consejero durante muchos años, pues ya había sido bien demostrado lo avispado que era resolviendo dificultades. Y así aquel reino fue bien regido gracias a la bondad de un rey que astutamente supo guiarse por aquel consejero, antiguo galopín del reino. De este modo, aquel país, como tantos otros, en realidad terminó siendo gobernado por un gran pícaro.

Después del cuento, siempre me dormía, y tanto me gustaba y tantas veces me lo contó, que así he podido recordarlo.
El recuerdo de mi madre, siempre me trae a la memoria aquella película que se titulaba, “los ángeles perdidos” que contaba la historia de un niño que se vio separado de su madre, por la guerra. El niño medio traumatizado se excitaba cuando veía unas rejas. Los soldados que lo encontraron pensaban que era un presidio. Finalmente aparecía la madre. Las rejas eran las del patio de una escuela donde su madre enseñaba. El momento del encuentro de la madre con el hijo, me emocionaba.
Entre mis nostalgias no falta Enrique, mi amigo. El reverso de la moneda, mi otro yo. El osado, yo tímido, el travieso, yo aplicado, en fin, todo lo que me gustaría ser y no fui. Siempre metido en líos pero de gran corazón, dispuesto siempre a ayudarme y defenderme en cualquier percance.
Por último, cerrando el capítulo de mis remembranzas está mi primera carta. Allí está, doblada cuidadosamente, como una reliquia, junto con otras dirigidas a la misma persona, una prima, a la que no conocía más que por referencias. Ella llegó a pensar que yo estaba enamorado, por lo que le escribía. Están llenas de afecto, mi corazón era espontáneo entonces, sin necesidad de intentarlo como ahora, abierto, un corazón de niño. Fue aquella mi primera aventura literaria. Quien sabe como sería yo si hubiera dejado guiar mi vida por aquel corazón de niño…

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Los tinteros, un relato de Jesús Muñiz

Se nos llama pomposamente “Los mayores”, por estar en el último curso. Inauguramos el primer bachillerato, por tal motivo disfrutamos de un trato especial: más clase, más exigencia, más estudio, menos recreo, menos diversión, menos libertad. Cuando suena el timbre salen todos de estampida, menos yo, que soy el último, con un miedo atroz a que me rompan las gafas. Aquel día, un minuto antes, Andrés, se había levantado a por la botella de tinta para rellenar el tintero de su mesa. Al salir en tromba lo arrollan, empujan y tiran. Juan y yo acudimos junto a él. Le ayudamos a levantarse. Se esfuerza por no llorar de rabia.
-¡Arrea, qué manchas!
-Me zurrarán en casa.
-Tú no tuviste la culpa.
-Eso que importa. A mi padre le encanta zurrarme.
-Y todo por culpa de…
-Si los mancharan a ellos.
-Ya me gustaría. Que fueran ellos con estas manchas a ver. Que les pasaría a ellos en casa.
-¡Ojalá les pasara eso!
-Como me gustaría mancharlos también.
-Y a mi, pero ¿cómo?
-Si llenamos los tinteros hasta el borde, cuando entren…
-¡Oñá! ¡La que se puede armar!
Dicho y hecho, llenamos todos los tinteros a rebosar y al recreo. En el patio hay un bullicio enorme de balones y pelotas, de chicos que corren para todas partes. Desde que me clavaron de un balonazo, un cristal de la gafa a unos milímetros del ojo, procuro no exponerme y me paso el recreo mirando como juegan.
A toque de campanilla, formamos en filas. Primero suben los pequeños, nosotros los últimos, sin vigilancia, a la carrera por el pasillo, queriendo todos ser el primero y así se forma un tapón en la puerta, que revienta a fuerza de empuje, precipitándose sobre las mesas, montando en ellas al galope. Eran pupitres individuales, de madera, que crujían lastimosamente zarandeados por la violencia de sus jinetes. Andrés, Juan y yo, entramos los últimos, tranquilamente. El espectáculo era genial. La tinta lo invadía todo: ropa, manos, rostros, pupitres, suelo. Tras el primer momento, al darse cuenta del desaguisado, se contemplan como pasmarotes, al tiempo que llega el profesor.
-¿Qué pasa aquí?
Unos se lo toman a risa, a otros no les entusiasma ver las manchas en sus ropas, pensando en la vuelta a casa. Mis tripas engullen el delicioso placer de la venganza, aún más sabroso al compartirlo.
Siguen las explicaciones, primero confusas y agitadas, pero llega la calma y con ella las averiguaciones, la conclusión final es sencilla ya que algunos han observado que nosotros tres salimos los últimos de la clase y nos adjudican el honor de ser culpables. Que importa, no hay castigo que amargue la entintada venganza.
El profesor, filósofo y humorista, deduce amablemente que nuestra demostrada pulcritud, en atender las necesidades de nuestros compañeros, nos hará insoportable la visión de las mesas en tan lamentable estado, por lo que no va a privarnos del placer, de eliminar todas las manchas de tinta, aunque para ello sea menester sacrificar nuestros recreos, y nos nombra: “Mantenedores de la limpieza y el decoro del aula de Tercero”.
Nos veíamos sin descanso entre clases hasta fin de curso. Nuestros compañeros se hartan a reír.
Al día siguiente llegamos abastecidos de lija, hojas de afeitar, trozos de vidrio y navajas: todo lo que pudimos traer de casa a escondidas. A la hora del recreo, el pitorreo es de escándalo. Todavía resuenan las risas burlonas, como latigazos sobre dorso desnudo, atado al poste de los condenados, con un sol despiadado. Esto es peor que el castigo; y acordamos fingir, aparentar que nos divierte el trabajo de limpieza. Cuando vuelven del recreo, nos encuentran silbando, pasando la lija como si estuviéramos puliendo una obra de arte. Siguen con la guasa, pero no todos.
Al otro día, algunos se quedan rezagados mirando, sin decir nada. Andrés pule una mesa con un trozo de vidrio, separándose y contemplando el efecto de lejos. Juan, con la navaja devasta asperezas y yo lijo con cara de maestro ebanista, lentamente, con sumo cuidado. Al cabo de unos minutos uno explota…
-¿Me dejas lijar un poco?.
-No puedo. Tareco (era el mote del profesor) dijo claramente que nosotros, ¿Y si nos cae otro castigo por dejarte? Por nosotros no habría problema, pero…
-No pasa nada. ¿Qué va a decir? Anda, jo…
-No, de verdad, no insistas.
Pero él insiste, tanto y tan persuasivo que al final nos “convence”, invitándonos a regaliz. Otro nos regala tebeos y un tercero chocolate…, en tres días, todos nuestros compañeros trabajan afanosamente, incluso en nuestras mesas, dejándolas como nuevas; hasta se permiten el lujo de encerarlas, en cuanto lo sugerimos. Y nos empachamos de golosinas, con las que compran su derecho a cumplir nuestra sanción.
Aquel castigo es un dulce recuerdo y una lección aprendida. Esta vez salí bien parado de las burlas, pero no siempre el desenlace fue feliz. Me frustraba tanto que se burlaran de mis gafas. Me veía capaz de superarlo todo, pero no podía ver mejor. Aun así, gracias a mi empeño, conseguí el afecto de algunos y el respeto de todos. El colegio dejó un balance positivo en mis recuerdos. No fue esta la única valla que pinté con agrado.
Termino de limpiar con la gamuza el viejo tomo de mi querido Tom Sawyer, y lo deposito con cariño en otro estante, en buena compañía, la del mismísimo Robinsón Crusoe, más viejo y más sobado aún. Dentro está la fecha, tenía entonces nueve años, estaba yo con mi tía…
-¡Papi, que dice mami que ya está la comida!.
¡Vaya!. Si ya se fue la mañana, y solo ordené tres estantes. Bueno, después de comer me pondré, un ratito…

Jmg

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MEMORIAS DE UN JUBILATA EN VERANO (3)

Fiestas gastronómicas

El pasado domingo se celebró en el parque de Castrelos una “fiesta del mejillón” y digo una porque, aunque las hay a lo largo de todo el año. Ahora en verano proliferan en toda Galicia las llamadas “fiestas gastronómicas”. Ésta de Castrelos me trajo a la memoria otra, también de Vigo, la fiesta de la sardina, que se celebraba en la Finca de Doña Fermina. Era una de las más antiguas y llegó a tener mucha aceptación, hasta que esta especie comenzó a escasear obligando a los organizadores a traerla, en alguna ocasión, de fuera de Vigo, congelada.

LAS “CLÁSICAS”
La más antigua y la más importante es la Fiesta del Albariño, en Cambados. La primera celebración tuvo lugar en 1953. Ésta, con la del marisco de O Grove, la de la lamprea de Arbo o la de la angula de Tuy, forman el grupo de las que podríamos llamar las “clásicas” por su antigüedad y genuinas, porque su principal objetivo es el de promocionar un producto que es típico de la comarca.

Con tal fin, los organizadores trataban de que las raciones tuvieran precios módicos para atraer la mayor parte de público posible.

ENTRE LA PROMOCIÓN Y EL NEGOCIO
Pero, a la largo de los años, fueron surgiendo multitud de fiestas de este tipo, algunas curiosas como la del ovo con chourizo de Pontecesures, del caracol en Forcarei, o millo corvo de Bueu, y otras por el estilo hasta sumar, hoy en día, más de cien en toda Galicia.

Unas veces, efectivamente, se trata de productos propios de la comarca, como algunas de las que hemos citado al principio, pero otras, y no pocas, son un intento de atraer gente al sitio y sacarlo del anonimato, lo cual no me parece mal. Lo que no es tan plausible es que, en bastantes ocasiones, el objetivo de estas fiestas es hacer negocio puro y duro, resultando que el precio de la “ración” o producto es tanto o más caro allí, en la fiesta, como en la tienda. Y eso me parece una tomadura de pelo.

Que conste que éste no ese caso de la fiesta de Castrelos a la me refería al principio, en la que las raciones tenían el ajustado precio de un euro y medio.

SURGE LA COMPETENCIA
Otra curiosidad de estas fiestas es que algunas se repiten en distintas localidades, dando lugar a cierta competencia entre ellas. Fiestas del cocido, de la sardina, de la empanada, las hay en varios sitios. Pero la que más llama mi atención es la de los callos, la cual que yo sepa se celebra en Porriño, Salceda, Mosteiro, Covelo y Vilanova de Arousa. No creo yo que todas estas localidades tengan a los sabrosos callos como plato típico de su comarca y además, puedo asegurar que sus precios no son nada “populares”. Por otro lado, es sabido, que al menos en tres de estos sitios, los callos provienen de una empresa del sector muy conocida.

Así que damas y caballeros, ándense con ojo con esto de las fiestas gastronómicas, que no es oro todo lo que reluce. Conviene estar bien informados de la clase de producto “promocionado”, de su coste y de las facilidades que haya para aparcar que no es éste asunto menor.

J. Trigo

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Versos de José Hernández

Martín Fierro es un poema de José Hernández, la obra literaria de mayor popularidad en la Argentina. Se publicó en 1872 con el título El gaucho Martín Fierro, y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, apareció en 1879.

De sus más de mil versos he seleccionado algunas estrofas que son interesantes consejos que convedría tener en cuenta. La última es de mi cosecha, como podréis advertir.

Hacéte amigo del Juez;
no le des de que quejarse;
y cuando quiera enojarse
vos te debés encoger,
pues siempre es güeno tener
palenque ande ir a rascarse.

Pa servir a un desgraciao
pronta la mujer está;
cuando en su camino va
no hay peligro que le asuste;
ni hay una a quien no le guste
una obra de caridá.

Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera
tengan unión verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque, si entre ellos pelean,
los devoran los de ajuera.

Mas naides se crea ofendido
pues a ninguno incomodo,
y si canto de este modo,
por encontrarlo oportuno,
no es para mal de ninguno
sino para bien de todos.

Dedicado a la “Dire”:

Hacéte amigo de Mari Carmen
no le des de que quejarse
y cuando quiera enojarse
vos te debés encoger
pues siempre es bueno tener
sillón a donde ir a quejarse.

Carlos Saporiti

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VACACIONES DE VERANO

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Hola, el equipo de redacción nos vamos de vacaciones.

Esperamos que todos los usuarios ya esteis disfrutandolas.

Que las disfruteis, un saludo de todo el equipo, nos vemos en septiembre

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Obsesión por los puntos…

JTC (Por la transcripción)

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BENEFICIOS DE LA PLAYA

*El aire que se respira cerca del mar está cargado de pequeñas gotas de agua ricas en ozono y yodo que tienen , entre otras propiedades, acción sedante.
*Caminar por la orilla de la playa con el agua cubriendo las rodillas, estimula la circulación sanguínea y revitaliza la musculatura de las piernas.
*El contacto con el agua del mar aporta a tu piel yodo y sodio, minerales que contribuyen a retrasar el envejecimiento cutáneo.
*Escuchar el sonido del oleaje tiene un efecto calmante sobre la mente y ayuda a liberar tensiones.

(De la revista Saber VIVIR ).

A. Vieites

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MEMORIAS DE UN JUBILATA EN VERANO (2)

Coia en fiestas

En esta semana se celebran aquí, en Coia, las fiestas de La Consolación. Las barracas, puestos de pulpo y de sardinas, los tenderetes de toda clase, tómbolas y atracciones cubren casi por completo la Avenida de Castelao.

Coia era, hasta la década de los sesenta, la frontera entre la ciudad y el campo y el límite urbano por este lado era el barrio de Las Traviesas, donde yo vivía.

COIA RURAL

Recuerdo que para ir al Centro decíamos: “Voy a Vigo”, lo cual le sorprende mucho a las nuevas generaciones.

Las fiestas de Coia eran muy populares y los chavales de Las Traviesas acudíamos allí, alegres y llenos de entusiasmo, a ver si ligábamos algo entre baile y baile. A partir de la Plaza de América, casi siempre desierta en aquellos años, solamente cruzada por los tranvías que salían de las cocheras, que allí estaban, y algún que otro automóvil, el Vigo urbano se transformaba en el Vigo rural. Paseando por caminos y corredoiras entre viñedos, tierras de labor y rústicas viviendas llegábamos a la iglesia de San Martín, al lado de lo que hoy es el hiper de Alcampo.

Un puesto de tiro al blanco, una tómbola, la banda de música que se alternaba con algunas de las orquestas de moda del momento, y poco más. Eran tiempos de subdesarrollo tanto en lo material como en lo social.

COIA URBANA

Una de estas tardes me he dado un paseo por el “real” de la fiesta. Las leiras, los viñedos y las casas del rural han sido sustituidas por la amplia avenida de Castelao y las viviendas del polígono. La antigua iglesia parroquial,del siglo XVI, ha sido reemplazada por una construcción de nuevo cuño que más se parece a una nave industrial que a un templo. Queda en su atrio de hormigón, el viejo campanario de piedra.

Donde antes habitaban no más de dos mil personas hoy hay más de treinta mil. Al ruido diario del tráfico se añaden ahora los decibelios que aportan los altavoces de las barracas de feria.

FIESTAS PARA TODOS

Pero Coia sigue con sus fiestas y mucha gente las disfruta y se divierte. Es lo que hay, y no debemos perder el ritmo de los tiempos. Así que anímense, damas y caballeros. No se queden en sus casas, salgan a la calle, afinen su puntería en una de las barracas de tiro al blanco, prueben suerte en una tómbola, degusten una tapita de pulpo y , a poder ser, echen un bailecito con la pareja, para recordar viejos tiempos.

J. Trigo

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ACERCATE MÁS A LA MÚSICA

Este conjunto se presento los días 4-5-6 de julio en el Centro Social De Coia, con el objeto de acercar a los niños a la música, durante los 3 dias se ejecutaron diversas piezas clásicas y populares como en el caso de los ordenadores 25 niños de la Ludoteka del Pabellón de Deportes de Coia acompañados por sus maestras Lorena, Begoña, Andrea, y Ángela como así también niños del Centro .
La presentadora Valentina con su magnifica voz nos deleito con algunas canciones ,Los chicos prestaron una gran atención y colaboración se atrevieron a tocar algunos instrumentos sobre todo los de percusión alentados por el payaso “Popin” que les brindo alegría y golosinas .A nuestro oído los músicos nos hicieron pasar un grato momento sobre todo la actuación de los niños Josia y Nestor (10-11 años) .
A partir del próximo lunes 10 de julio los niños que se presenten bajo la supervisión del maestro Slova podrán probar los diversos instrumentos y los que lo deseen pueden anotarse para seguir practicando. Bueno fue todo un éxito que sigan así porque en el futuro serán la nueva generación de músicos no solo de clásicos sino también de” Rock y Pop” un agradecimiento a este conjunto por haber elegido el Centro Social para realizar estas actividades gracias.

Carlos

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